Se inaugura la 20ª Bienal de Pintura Rufino Tamayo en Oaxaca: Una reflexión personal sobre el arte y la comunidad

El 22 de agosto de 2025, el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca (MACCO) abrió sus puertas para celebrar la inauguración de la 20ª Bienal Nacional de Pintura Rufino Tamayo. La exposición, vigente hasta el 19 de octubre, presenta 40 obras de pintores contemporáneos mexicanos. La noche inaugural estuvo llena de entusiasmo, con líderes culturales, artistas y amantes del arte reunidos en los patios y galerías del museo. Se respiraba un aire de orgullo, orgullo por la resiliencia y la fuerza de la pintura mexicana, y orgullo porque Oaxaca, una vez más, es el escenario donde este arte cobra vida. Planeo visitar la exposición este fin de semana para verla con mis propios ojos.
Esa misma noche se anunciaron los premios: José Gonzalo García Muñoz, Javier Peláez y Othiana Roffiel Sánchez recibieron los principales galardones de adquisición, y sus obras pasarán a formar parte de la colección nacional. Cinco artistas más recibieron menciones honoríficas. No fue solo un concurso, sino una celebración, una muestra del dinamismo de la pintura en México hoy en día.
Mi camino en el mundo del arte oaxaqueño
Al leer sobre la apertura de la Bienal, no pude evitar recordar mi propio recorrido dentro de la escena artística de Oaxaca. Siempre he amado el arte. Pinto y tengo la fortuna de exponer a través de la Galería Jesús Villafán en el Centro Histórico. Cuando llegué aquí hace 26 años, me quedé sorprendido. No tenía idea de que en esta ciudad el arte latía con tanta fuerza. Pensé que venía a vivir al sur de México, pero lo que encontré fue una capital cultural, donde la creatividad brota de cada galería, cada taller gráfico y cada mural.
En 2002, mientras enseñaba inglés, comencé a aprender HTML y Flash para crear una página web de mi pueblo. Por casualidad, eso me introdujo en el boom digital que apenas arrancaba en Oaxaca. Muy pronto corrió la voz, y terminé diseñando páginas para artistas y después para galerías. Sin darme cuenta, estaba inmerso en el mundo del arte, y fue la mayor alegría de mi vida.
Mentores y momentos
Un punto de inflexión fue conocer a Siegrid Wiese, una artista oaxaqueña de ascendencia alemana que vio mi pasión por el arte y me invitó a sus sesiones informales de dibujo. Durante casi dos años dibujé a su lado, inspirado por su talento y generosidad. Ella despertó en mí un amor más profundo por el dibujo y la pintura, uno que nunca me ha abandonado. Aún hoy le guardo gratitud, aunque la vida nos haya llevado por distintos caminos.
Con estas experiencias entendí algo profundo: el arte es la sangre que corre por las venas de Oaxaca. La comunidad artística aquí es vibrante, incluyente y valiente. Los oaxaqueños suelen ser reservados, pero los artistas no. Comparten abiertamente quiénes son, qué sueñan, qué sufren y qué celebran. Se apoyan mutuamente, colaboran sin egoísmo y crean espacios donde la honestidad y la emoción cruda se transforman en fuerza compartida.
La Bienal como espejo
Al ver fotografías y leer sobre las obras de García Muñoz, Peláez, Roffiel Sánchez y muchos otros expuestos en el MACCO, reconozco esa misma honestidad. Gran parte de la fuerza de un artista proviene de la intensidad, a veces de la alegría, muchas veces del dolor, pero siempre de la verdad. Los lienzos están llenos de atrevimiento, vulnerabilidad y visiones que solo podrían haberse concebido en México. En Oaxaca se ve esa honestidad todos los días, y la Bienal la hace brillar con más fuerza. Es más que una exposición. Es un espejo de la comunidad que he tenido la suerte de vislumbrar desde dentro y desde fuera.
Por qué los visitantes deben vivirlo
La Bienal permanecerá abierta en el MACCO hasta el 19 de octubre de 2025, y la entrada está incluida con el boleto general del museo. Para los visitantes, esta es una oportunidad única de presenciar la vanguardia de la pintura mexicana y, al mismo tiempo, entrar en el corazón vivo del arte oaxaqueño. Pero quiero decirlo con honestidad: esto es mucho más que una exposición. Es entrar en una comunidad que me ha acogido durante décadas, un espacio donde la creatividad no es un oficio sino una forma de vida.
He vivido con un pie dentro y otro fuera de este mundo durante años. Sin embargo, sé que cuando llegue el día en que me lance de lleno, mis amigos, incluso aquellos que aún no conozco, estarán ahí para sostenerme. Así es el mundo del arte en Oaxaca: creación infinita, sostenida por la confianza y el amor. Y por eso invito a quien visite esta ciudad, no solo a recorrer la Bienal Rufino Tamayo, sino a dejarse atrapar por la magia de esta comunidad artística. Adéntrese, y descubra no solo el arte de Oaxaca, sino quizá una parte de sí mismo que no sabía que esperaba ser encontrada.